
Hisopo (Hyssopus officinalis)
De delicada fragancia, muy apreciada en jardinería, perfumería y aromaterapia, era bien conocida por los antiguos sabios, que la tenían casi por una panacea.
Decía Dioscórides que tiene la virtud de adelgazar y calentar. Proponía un remedio, con higos, ruda y miel, para la estrechura de pecho, la tos antigua, el asma y el catarro.
Con fines medicinales se cosechan las sumidades floridas. Además de aceite esencial, con tuyona, canfona y alfa pineno, contiene ácido málico, ácidos fenólicos, hesperidina, flavonoides y principios amargos como la marrubiína y taninos.
Destaca como expectorante, mucolítico, antitusivo y antiséptico, pero también es aperitivo, digestivo, carminativo, vermífugo, antiespasmódico y venotónico.
EFECTOS TERAPÉUTICOS
Para el resfrío: se usa ante todo para aliviar afecciones respiratorias, desde simples resfríos a gripes, faringitis, bronquitis, sinusitis, alergias respiratorias con rinitis y procesos asmáticos leves. Fluidifica las secreciones, lo que ayuda a expectorar, reblandece la tos y elimina focos de infección.
Para las várices: combinado con rusco o vid roja, se indica para estimular la circulación y tratar varices y flebitis. También se combina con espino albar y valeriana para controlar la tensión arterial.
Digestivo: tradicionalmente se ha usado como bálsamo digestivo frente a indisposiciones estomacales, digestiones pesadas, hinchazón abdominal, gases y flatulencias, o bien para recuperar el apetito tras un episodio de enfermedad o debilidad. En los pueblos de montaña era costumbre tomarla para ayudar a expulsar parásitos intestinales.
Piel: por vía externa resulta astringente, antiséptico y cicatrizante. Se usa para desinfectar heridas, sobre úlceras de la piel y quemaduras leves, en lavados, baños y compresas frías.
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